Salud Celular

Física

La física de un campo electromagnético pulsado

Antes de cualquier discusión sobre efectos está la física: una corriente que varía, un campo magnético que varía con ella y un campo eléctrico inducido en un tejido que conduce. Los números de esa cadena son públicos y comprobables, y faltan en buena parte de las fichas de producto.

Una corriente, una bobina, un campo que varía

Dentro del aplicador hay una bobina: hilo conductor enrollado sobre un soporte, integrado en una esterilla, en un aplicador plano o en un módulo local. Un generador hace circular por esa bobina pulsos de corriente. Toda corriente eléctrica produce un campo magnético a su alrededor —ley de Ampère—, y la intensidad de ese campo depende de la corriente, del número de espiras, de la geometría del bobinado y de la distancia al conductor.

Hasta aquí nada distingue el aparato de un imán permanente. La diferencia está en el verbo. La corriente se enciende y se apaga, y el campo magnético hace lo mismo. Un campo que varía en el tiempo se comporta de forma radicalmente distinta a uno estático.

La inducción de Faraday

La ley de inducción de Faraday establece que un campo magnético variable genera a su alrededor un campo eléctrico circulante. Lo determinante no es cuánto vale el campo magnético, sino con qué rapidez cambia: la derivada dB/dt. Un imán estático, por intenso que sea, no induce ningún campo eléctrico mientras permanezca quieto.

El tejido biológico es un conductor. Es un electrolito, con una conductividad que a estas frecuencias va desde unos 0,02 S/m en hueso hasta unos 0,7 S/m en sangre. Donde hay un campo eléctrico inducido y un medio conductor aparece una densidad de corriente, J = σE. Esa cadena —corriente en la bobina, campo magnético variable, campo eléctrico inducido, corriente iónica en el tejido— es la base física de cualquier interacción entre un aparato de este tipo y el cuerpo. No hay otra puerta de entrada.

Los circuitos electrónicos implantados están sujetos a la misma física. El fabricante contraindica el uso en portadores de implantes médicos activos, como marcapasos y bombas de medicación, y en receptores de trasplante con terapia inmunosupresora.

Un cálculo de orden de magnitud

Para un lazo circular de radio r situado en un campo aproximadamente uniforme, el campo eléctrico inducido a lo largo del lazo vale E = (r/2)·(dB/dt). Con un radio de 5 cm y una densidad de flujo de 100 µT que se establece en 1 ms —es decir, dB/dt = 0,1 T/s— el resultado es del orden de 2,5 milivoltios por metro.

La misma cuenta aplicada a una bobina de estimulación magnética transcraneal, que alcanza unos 1,5 T en unos 100 µs, da dB/dt ≈ 1,5·10⁴ T/s y un campo inducido del orden de cientos de voltios por metro. Cinco órdenes de magnitud separan un caso del otro.

Estas cifras son estimaciones, no medidas. Suponen un campo uniforme, un recorrido circular y un medio homogéneo, y ninguna de las tres condiciones se cumple en un cuerpo. Sirven para situar la escala, no para describir lo que sucede en un tejido concreto.

Los parámetros que describen el aparato

Baja intensidad

El campo magnético terrestre mide entre 25 y 65 µT según la latitud. Los aparatos de esta clase se especifican en ese mismo orden de magnitud, con una diferencia decisiva: el terrestre es estático y el del aparato varía.

La comparación con los equipos de campo intenso es la que ordena la escala. Un escáner de resonancia magnética clínico trabaja con un campo estático de 1,5 o 3 T. Una bobina de estimulación magnética transcraneal alcanza entre 1 y 2,5 T de pico. Frente a un aparato de 100 µT, la distancia es de cuatro órdenes de magnitud en densidad de flujo y de cinco en velocidad de variación.

La estimulación magnética transcraneal está diseñada para despolarizar neuronas y necesita esas magnitudes para lograrlo. Considerar un aparato de microteslas como una versión atenuada de aquello es un error de categoría: no es lo mismo con menos potencia, es otro régimen físico.

Lo que la física no dice

Todo lo anterior describe un mecanismo de acoplamiento. No describe una consecuencia. Que exista un campo eléctrico inducido en un tejido conductor no permite deducir qué ocurre después, si es que ocurre algo. Esa es una cuestión empírica, y se responde estudio por estudio, con una población concreta, un diseño concreto y un aparato ajustado a unos parámetros concretos.

La literatura publicada lo refleja. Biermann y colaboradores (Clinical Hemorheology and Microcirculation, 2020, PMID 33216020) examinaron el flujo sanguíneo cutáneo en voluntarios sanos. Sun y colaboradores (Bioelectromagnetics, 2016, PMID 27227568) realizaron un ensayo aleatorizado y controlado en personas con diabetes. Smith y colaboradores (Journal of Orthopaedic Research, 2004, PMID 14656663) trabajaron en un modelo preclínico, no en humanos. Poblaciones distintas, diseños distintos y aparatos distintos. Las cuatro referencias que sostienen esta materia, con su diseño y su población, están en /evidencia/.

El fabricante, por su parte, describe la terapia de campo electromagnético pulsado como «un tratamiento coadyuvante» que «no puede sustituir a una terapia prescrita médicamente». Esa formulación y la lista de indicaciones evaluadas por el organismo notificado figuran, literales, en /bemer/.

Queda una regla de lectura. Una ficha que enuncia «campo electromagnético pulsado» y no da frecuencia, forma de onda, densidad de flujo ni el punto donde esa densidad se midió no está describiendo un aparato: está nombrando una categoría que abarca desde los microteslas hasta los teslas. Un nombre no es una especificación.

Salud Celular es distribuidor autorizado de BEMER, no una consulta médica. Esta página es divulgativa: no diagnostica, no prescribe y no sustituye el consejo de un profesional sanitario. El fabricante describe la terapia PEMF como «un tratamiento coadyuvante» que «no puede sustituir a una terapia prescrita médicamente». Cualquier duda clínica corresponde a un médico.